17 de enero de 2010

Conversación con FREDY MASSAD

Me complace anunciaros la publicación de la extensa entrevista al arquitecto argentino Fredy Massad.

Lo primero de todo es agradecerle la disposición que desde el primer contacto ha mostrado por participar en el blog y especialmente lo seriamente que ha respondido a todas las preguntas.

Aunque quizá se nos haya hecho un poco más larga de lo esperado para el formato del blog, creemos que merece la pena publicarla y leerla de una sóla vez, para no perjudicar la unidad discursiva. Como dice el propio Fredy y como reza el nombre de este blog, esperamos que os animéis a comentar, a opinar, a debatir todo lo que se aborda en esta entrevista.



Fredy Massad (Buenos Aires, 1966) es arquitecto por la Facultad de Arquitectura y Diseño de la Universidad de Buenos Aires. En 1996 estableció ¿btbW/Architecture centrando su trabajo en la crítica e investigación sobre la arquitectura contemporánea. 

Ejerce actualmente como crítico de arquitectura en el diario ABC, la revista de arte contemporáneo EXIT y diferentes medios internacionales. Es co-autor junto a Alicia Guerrero Yeste de los libros Notas sobre ciudades mutantes (Ajuntament de Lleida, Lleida, España, 1998) y Enric Miralles: Metamorfosi del Paesaggio (Testo & Immagine, Turín, Italia, 2004). Conjuntamente con Alicia Guerrero Yeste he co-editado los libros a+a architecturanimation (COAC-Actar, Barcelona, España, 2002), ExpoZaragoza 2008: Un proyecto urbano (ACTAR, Barcelona, España, 2008) y la monografía ‘Arquitectura en la era de la revolución digital’ para la revista Experimenta. 

Paralelamente ha venido y continúa realizando conferencias extraordinarias en escuelas de arquitectura en Europa, Asia, Hispanoamérica y Estados Unidos e interveniendo dentro de seminarios y congresos dedicados al análisis del estado actual de la arquitectura.



CCAD- Confiesas que eres apasionado seguidor del fútbol, que ves programas “del corazón” y dices que lo haces para entender mejor el mundo en que vivimos. ¿Crees que, en general, el arquitecto no entiende el mundo en que vive?

FM- Por otro lado, la arquitectura me resulta una cuestión demasiado seria como para vulgarizarla. Hace un tiempo escuchaba a alguien que afirmaba que su pensamiento arquitectónico estaba influenciado por las telenovelas venezolanas: eso son sandeces, no ése es el tipo de postura que me interesa. 

Mi interés por el fútbol tiene que ver con una cuestión personal. Creo que este interés no determina mi comprensión del mundo pero sí me ayuda a establecer ciertas analogías que me aproximan más al trasfondo sociológico y psicológico del personaje arquitecto. Lo mismo sucede en esa relación con la televisión y los programas del corazón y realities. Ciertamente no tienen nada que ver con la comprensión que debe efectuarse de edificios y ciudad, pero sí ayudan a comprender al arquitecto como personaje, situado en una época y a realizar un diagnóstico cultural. En el mundo del espectáculo, propiamente dicho, que con eso tiene que ver la industria de la prensa rosa y los realities, todas estas cuestiones se exponen y se discuten con mucha más claridad que en un mundo supuestamente intelectual y elitista como es de la arquitectura. 

Si hablamos sin ningún tipo de tapujos de televisión basura y sus protagonistas, ¿por qué no asumir abiertamente que hoy existe una arquitectura basura y arquitectos que en nombre de la sofisticación están produciendo basura y regodeándose en eso?

Creo que personajes como Bjarke Ingels (1), como caso paradigmático de esa generación que en algún momento he denominado ‘generación Rem 2.0’ o ‘(de)generación digital’, valen mucho más como síntoma de un estado cultural que por su aportación a la arquitectura, que de por sí es bastante pobre. ¿Qué hace que un personaje de Big Brother se diferencie de un ciudadano de a pie? Solamente la celebridad que le otorga la televisión (2). Es interesante ver a la gente mostrando devoción hacia un personaje que quince minutos antes era igual que ellos. Nuestra sociedad está ávida y necesitada de ídolos y dioses, y en nuestra cultura ha los ídolos y dioses son productos de consumo rápido.

Respondiendo a la cuestión de si el arquitecto no comprende el mundo en que vive: es evidente que cada uno comprende su propio ámbito de acción y situación, por lo que inevitablemente la comprensión de la realidad y del status quo siempre va a ser fragmentada. No obstante, lo que constato es que en un mundo en el que se introducen cambios cada vez a mayor velocidad, muchos arquitectos y pensadores sobre la arquitectura se empeñan en interpretar la realidad o su realidad aplicando fórmulas del pasado y que por eso, forzosamente, no pueden brindar brindando respuestas a las cuestiones actuales. 

El caso más flagrante y preocupante es cuando esta situación domina lo que podría llamar la ‘alta arquitectura’ o ‘arquitectura de élite’, lo que vulgarmente se define como ‘star-system’, quienes aferrados al poder intentan instintivamente maquillar como cambios o evoluciones su inmovilismo (3). Lo preocupante es la influencia que esta actitud de estos arquitectos ejerce, puesto que esta posición de celebridad les erige como una especie de portavoces del tiempo en que vivimos. Me parece preocupante asimismo la aparición de jóvenes arquitectos que aspiran a esta condición, a este status, a esta teatralización (4). Estos jóvenes arquitectos están entendiendo el mundo en que viven pero de una manera que a mí a veces me interesa poco, y que, como digo, tiene que ver con la persistencia de una visión sobre la realidad que ya no es útil. 


CCAD- Históricamente, el intelectual siempre ha estado un poco alejado de los “problemas terrenales” para, desde su abstracción, resolver esos mismos problemas (morales, éticos, filosóficos, científicos). ¿El arquitecto es un intelectual?¿Puede ser el arquitecto, a la vez, arquitecto e intelectual? Dicho de otro modo, ¿Se puede ser crítico y construir?

FM- El arquitecto no debe ser necesariamente un intelectual o un teórico, sino alguien con sensibilidad y pragmatismo para interpretar y plantear soluciones en la realidad. Esto no implica que todo el mundo deba ser un erudito pero son necesarios unos conocimientos y unas inquietudes básicas para ejercer la profesión. 

Creo que la formación es importante en todos los ámbitos. Pese al acceso con que se cuenta hoy en día a gran cantidad de información, padecemos de un proceso de analfabetización general. El conocimiento de la historia de la arquitectura resulta fundamental no como una formación enciclopedista o académica sino orientada a conocer y ahondar en los principios de la arquitectura.

Respecto a ser crítico y construir, es algo difícil no por una cuestión de incompatibilidad sino más bien por una cuestión de tiempos. No obstante, creo que muchos arquitectos, aun sin articular su pensamiento a través de un documento escrito, plantean a través de su obra construida posicionamientos críticos e ideológicos que pueden adquirir una fuerte trascendencia. 

Con toda seguridad se puede ser arquitecto e intelectual, aunque la figura de lo que llamamos intelectual esté bastante devaluada y deba redefinirse este término. Autodefinirse como intelectual a mi me resulta una pedantería. 

Desde mi punto de vista, me resulta más interesante un trabajo conectado con la realidad más directa y tangible. Prefiero situarme en la posición de provocador y poner en duda lo que me circunda que generar grandes manifiestos teóricos. Es complicado teorizar sobre un mundo que cambia tan rápidamente por eso me parece, desde una posición honesta, dar la posibilidad de instigar cuestionamientos antes que respuestas. 


CCAD-¿En qué momento se encuentra la arquitectura, en general?

FM- Creo que la arquitectura y el mundo en general se encuentran en un momento interesantísimo. Nos ha tocado vivir en una época desconcertante y fascinante. 

Este tiempo en que los cambios se producen a una velocidad exponencial más veloz nos genera la obligación de actualizarnos cada día, de estar permanentemente alerta y dispuestos a recuestionarnos constantemente. La velocidad de los cambios nos permite desvelar cómo las trampas y las impostaciones caducan con gran rapidez. Esto desquicia a los conservadores, que no saben por dónde agarrar la cuestión, obligándoles muchas veces a subirse torpemente al último vagón de la innovación y quedando rápidamente desenmascarados.

En nuestra profesión, vemos como surgen y se estrellan las novedades. Si echamos la vista a diez años atrás, y recogemos muchas de las publicaciones de ese periodo, encontraremos un montón de promesas y de mitos del momento que ya nadie recuerda. En este caso sí resulta interesante plantear una analogía con el fútbol y el mundo del espectáculo y ver cómo ambos fagocitas a sus cracks y estrellas. Como he dicho, creo que esta dinámica no es algo meramente anecdótico: puede servirnos para comprender el presente y, desde esa capacidad de relativizar, empezar a ver qué es lo que realmente existe y permanece más allá de toda esta fugacidad. 


CCAD-¿Cómo te planteas tu labor docente?¿Qué crees que aportas a los alumnos que escuchan tus charlas y conferencias?

FM- No vivo la actividad docente como una experiencia diaria, pero la recepción de mis charlas me hace constatar que existe entre los arquitectos que están formándose un deseo de escuchar a individuos que hablen claro. Compartan o no las opiniones que uno puede pronunciar, aprecian que alguien se posicione con una intención de activar, de cuestionar, de generar debate.

Tiende a veces a hablarse de la abulia y pasividad de los estudiantes actuales pero creo que esta acusación debe dirigirse más a la monotonía y autocomplacencia con que los miembros de generaciones anteriores se manejan y transmiten, tal vez más interesados en regodearse escuchando una y otra vez sus reflexiones reiteradas, en la obsesión por su propia obra, exhibiéndola sin ninguna actitud auto-crítica, que en intentar transmitir otras inquietudes. 

Repito nuevamente: la cuestión en seria. Tampoco es necesaria la figura del conferenciante show-man, aparentemente subversivo y seductor pero que en realidad poco interés tiene en que su discurso sirva para instigar una posición crítica individual que se comparta dentro de un debate plural. 

Cuando me dirijo a un auditorio, más aún cuando se trata de estudios, trato de incentivar la reflexión. Me resulta estimulante que se produzca un intercambio al final de cada charlar, contrastar mis opiniones. No ofrecer un mensaje estanco ni una postura de distancia. 


CCAD-Tras la irrupción definitiva de los programas informáticos de diseño, en ocasiones no está claro si se ve más afectado el arquitecto o el cliente. Se abusa del copy + paste, el cliente pide a veces cosas que no son tan fáciles como apretar una tecla… ¿Sabemos usar el ordenador (la computadora)?

FM- Debemos generar una arquitectura acorde con los medios con los que contamos hoy y para dar servicio al individuo contemporáneo.

En este momento es preciso matizar qué entendemos por tecnología, que sin duda hoy es algo que ya no tiene nada que ver con lo que el significado que ‘tecnología digital’ tenía en los años 90. 

La cultura analógica está agotándose, concluyendo. Todo lo que nos rodea hoy es tecnología digital. Aferrarse a las herramientas analógicas es cada vez más un contrasentido. Si el Movimiento Moderno tuvo que ver con la era de la industria, la arquitectura de hoy tiene que ver con la cultura de los bits, y esto no debe ser comprendido como ejercer un simple juego morfológico o de creación de imágenes a través de herramientas de última generación sino con una perspectiva mucho más amplia (5).

En un principio (tomemos el trabajo de FOA en la Terminal Portuaria de Yokohama o las elucubraciones de Gregg Lynn como referentes de este caso) pudo haberse entendido que la introducción del ordenador y la generación tridimensional (lo que entonces podía llamarse virtualidad), pero la cuestión de la cultura digital y de la tecnología de la información pronto comenzó a evidenciar que se trataba de un cambio mucho más profundo, y considero que estos ejemplos sólo captaban una parte de lo que suponía esta ‘revolución’, pero posiblemente no llegaban a atisbar con la suficiente intensidad la hondura conceptual y la trascendencia cultural que imponía este cambio.

La nueva tecnología siempre ha requerido de una forma específica de difundirse. Los modelos de copyright que tienen que ver con una época pasada deben redefinirse. No creo que nadie se vea afectado por esto, ni el cliente ni el arquitecto. La idea del copy + paste sucede hoy en día en todos los ámbitos. Creo que debemos cambiar de hábitos y poner nuestras metas creativas más allá de copyrights. Cuando nosotros escribimos un texto nos importa que se difunda. Ésa es la manera de que nuestras ideas existan. De ahí si la gente las plagia o las copia, las ideas ya están ahí, no son propiedad de nadie. 

Lo crucial es que si alguien copia y mejora la idea, ¿cuál sería el problema? Yo creo que eso no es ningún problema. El problema es usar la computadora para ejercer el copy+ paste o cut+ paste a mansalva, irreflexivamente. Pensándolo, el copy+ paste / cut+paste se ha hecho siempre, incluso antes de que la tecnología digital y de la información lo facilitasen. 


CCAD- Y en cuanto a lo formal en el diseño arquitectónico, ¿Cómo ha evolucionado (en pocos años) el canon estético y en qué grado es “culpa” del ordenador?

FM- Creo que la arquitectura no ha evolucionado en gran medida a causa del ordenador. Si pensamos en un ejemplo paradigmático, como fue el concurso de la Terminal Portuaria de Yokohama, encontramos que se producía un salto conceptual en el desarrollo de las ideas. Ésta puede tomarse como el primer referente del uso de la tecnología digital a gran escala, pero también produjo una gran frustración, o porque no se pudo o porque no se supo llevar esa nueva visión de la arquitectura a la realidad.

El tema radica seguramente en la materialidad, en la búsqueda de materiales acordes a la nueva tecnología. El pabellón puente de Zaragoza es otro claro ejemplo de una búsqueda formal compleja auspiciada por las posibilidades que brinda la generación en 3d, pero que fracasa al materializarse en un material que tiene que ver con otro tiempo.

Las posibilidades que da el ordenador han llevado a ciertos arquitectos a pensar que todo lo que se ve en la pantalla puede ser posible en la realidad. Esto se debe a una incultura o por no querer asimilar las limitaciones tecnológicas constructivas actuales, derivando en este caso de esa arquitectura de cut+paste y de reutilización de proyectos que ha derivado en una especie de feísmo. 


CCAD- En una reciente entrevista a Peter Eisenman él mismo explicaba que a sus alumnos les enseña a Palladio, lo que a primera vista choca con la imagen que se puede tener de él. ¿Se ha banalizado el discurso arquitectónico, tanto en lo formal y estético como en los procesos creativos y generativos del proyecto?

FM- No debería sorprender. Peter Eisenman es un arquitecto culto que entiende que la arquitectura no nació la semana pasada. Al emplear a Palladio no busca enseñar una perspectiva histórica sino hablar de la transtemporalidad del pensamiento arquitectónico. 

Personalmente, y coincidiendo con Eisenman en seguir reivindicando la trascendencia de Palladio, me siguen interesando muchísimo Borromini, los Hermanos Assam o Balthasar Neumann (tengo una predilección personal por el barroco) y no por considerar que deba producirse una arquitectura ‘abarrocada’ sino por los principios espaciales y de investigación que se desarrollaron durante el periodo barroco.

El gran drama en que vivimos es la trivialización de la cultura, la banalización de la erudición y la despreocupación por el conocimiento (6). Supongo que hay mucha gente que no había arquitectura antes de Rem Koolhaas o que ya carece de cualquier vigencia cualquier arquitectura pretérita. Esto entorpece el trabajo, máxime en esta era de la información, ya que incapacita para saber interpretar y entender los referentes que pueden hallarse y se produce lo que yo llamo la ‘turistificación del conocimiento’. Hoy todo el mundo se mueve, accede a la información por todo tipo de fuentes, y demasiado a menudo esta información se absorbe y reutiliza de una manera insultantemente banal.


CCAD- Como consecuencia de la facilidad para la realización de visualizaciones arquitectónicas, parece que se ha perdido la costumbre de hacer maquetas. Recientemente José Luis Mateo ha hecho una exposición de sus maquetas. ¿Es una cuestión puramente generacional, de comodidad, o de concepto?

FM- Seguramente, aun entendiendo la importancia y valor de la maqueta como un signo o símbolo del proyecto para todo arquitecto, también es preciso considerar que no hay que incurrir en una sublimación nostálgica o fetichización de la maqueta. 

Dicho esto, considero que hoy la maqueta sigue siendo fundamental. Supongo que las próximas generaciones quizá ya no la comprenderán como nosotros las comprendemos. Probablemente la maqueta virtual o algún otro tipo de artilugio se haya convertido en una herramienta equivalente. Pero para los de mi generación y mayores, la maqueta todavía sigue siendo un soporte para comprender y desarrollar el proyecto. En nuestra generación todavía persisten muchos usos analógicos, que conviven en nuestro uso también fluida de la tecnología digital, pero seguramente tendremos que ir acostumbrándonos a un cambio de herramientas en las generaciones futuras (7).

Lo fundamental no es mitificar la maqueta tal cual hoy la entendemos. Ante una evolución de los modos y herramientas de trabajo, lo que es preciso es entender que lo necesario son artefactos que nos permitan el desarrollo al máximo potencial de nuestros recursos mentales, sea un lápiz o una sofisticada maqueta virtual por inventarse. 

Haciendo una analogía rápida, el libro tal cual lo conocemos seguramente no desaparecerá pero será mucho más cómodo para leer una novela utilizar un artefacto tipo Kindle. Se modificarán ciertos aspectos y modos de ejercer la lectura, posiblemente en función del tipo de contenido de ese libro y del uso y vigencia que se atribuyan a esos contenidos.. 

Es en eso mismo sentido, es de esperar que en la arquitectura, el formato de una herramienta como la maqueta se modifique. Pero al igual que en el acto de leer, es preciso entenderlo como una actividad mental. La materialidad del soporte en este caso se vincula a la forma en que el ejercicio mental se desarrolla, por eso lo necesario es un artefacto que sea capaz de adquirir ese intenso poder de conceptualización que ofrece la maqueta. Pero por ahora creo que no disponemos de él.


CCAD- ¿Qué opinas de temas como la sostenibilidad aplicada a la arquitectura y al urbanismo? ¿Se interpreta correctamente, o es una estrategia comercial más?

FM- La sostenibilidad, como todo en esta sociedad, ha pasado a ser un eslogan, un hecho simplemente comercial. No estoy totalmente convencido sobre el enfoque, tendiendo a lo agorero, respecto al cambio climático – mas si personas como Al Gore, que fue ocho años vicepresidente de la primera potencia mundial salen a alertarnos sobre los peligros de esta situación. Estoy seguro de que no estamos haciendo las cosas pero no sé cuál es el poder del hombre para alterar la evolución del curso del clima en el mundo. 

Dicho esto, sí estoy absolutamente convencido de que es preciso un cambio drástico, que debe surgir esencialmente del sentido común, antes que movidos por el pánico. La sociedad del hiperconsumo es degradante no sólo por el abuso de recursos sino porque constituye una flagrante lesión al humanismo. 

La arquitectura de las grandes corporaciones, y mucho peor aún, la propiciada por el star-system usando la palabra ‘sostenibilidad’ constituye el más absoluto engaño. Pensemos de nuevo en el pabellón puente de Zaragoza: la exposición no trataba justamente sobre la concienciación acerca del agua y su valía como recurso, ¿qué gasto supone la construcción de esta estructura que únicamente ha tenido una vida útil de tres meses y que hoy por hoy se ha convertido en un residuo difícilmente reciclable de momento?

Una genuina búsqueda de la sostenibilidad se detecta en proyectos donde la necesidad prima sobre el capricho, donde hay una reflexión sobre materiales, sobre la reciclabilidad del edificio (8), una recuperación del sentido común a la hora de hacer el proyecto (9)… y que no se lleva a cabo aplicando falsamente recursos estéticos supuestamente ecológicos y verdes e hinchando al proyecto de retóricas huecas.

Recomiendo la lectura de ‘Cradle to Cradle’ para definir una perspectiva coherente sobre este tema. Y, probablemente, no construir en ciertas ocasiones es lo más sostenible.


CCAD- Para terminar, ¿qué arquitecto o arquitectos crees que deberían ser más conocidos y reconocidos en este momento? 

FM- Creo que en un mundo donde lo importante es ser conocido, los arquitectos que más me interesan son quienes no tienen como una marcada prioridad el ser conocidos. 

Presiento que el futuro de la arquitectura se orienta más hacia el trabajo en equipo antes que a continuar con el culto o el protagonismo de una sola persona. Creo que esa tendencia inducirá a la desaparición de los oligo-arquitectos que han transformado la arquitectura en marcas registradas y que han llevado a la profesión hacia una deriva sin vuelta atrás a causa de una comprensión de la globalización que hoy carece de sentido (10). La comprensión de lo local y lo global, donde cualquier puede y debe beber de todas las fuentes, no tiene nada que ver con la construcción de modelos artificiosos. Muchos buenos arquitectos se han desvirtuado y su arquitectura ha perdido gran parte de su interés a causa de estas dinámicas de codicia y ambición desmedida de celebridad mediática. 

Al igual que existe una generación que se ha dejado infatuar por estos arquitectos y ambicionan adquirir ese estatus, existe, yuxtaponiéndose, otro sector dentro de esa misma generación que reacciona contra este modelo. Obviamente que todo el mundo aspira a que su trabajo reciba un reconocimiento, el problema surge cuando el reconocimiento se convierte en el proyecto primordial al que aspira el arquitecto.

Dar nombres de estudios y arquitectos que a mi criterio considere interesantes en positivo se hace complicado y seguramente sería tendencioso. Igualmente, creo que una selección de nombres que considere fundamentales en este momento debe englobar tanto a arquitectos cuyo trabajo valoro en positivo y otros que valoro en negativo: ambas categorías conforman la realidad del estado de la arquitectura que me interesa analizar y entender. 


CCAD- Muchísimas gracias por participar de CCAD.

FM- Ha sido un placer reflexionar sobre estas cuestiones. Gracias a vosotros.

22 de diciembre de 2009

Conversación con Friedrich Ludewig, ACME Architecture 2 de 2

A continuación la segunda y última parte de esta primera enrevista de CCAD a Friedrich Ludewig.






CCAD- Estudiaste en la AA y has dado conferencias en muchas universidades por todo el mundo. ¿Qué hace la AA diferente del resto? 

FL-La AA fue fundada por estudiantes y ha permanecido como institución privada, desconectada de cualquier otra Universidad. En ese aspecto, ha mantenido una flexibilidad y apertura de miras que es prácticamente única y algo que realmente aprecié mientras estuve allí. No hay profesores permanentes, no hay laureles en los que dormirse, lo que genera un estado de inquietud único. El Segundo aspecto que más aprecié es la diversidad interna en cuanto a corrientes arquitectónicas; hay pocos lugares donde tantas voces diferentes puedan decir cosas tan divergentes unas de otras.

CCAD- Hablemos un poco de vuestro trabajo. La mayoría de vuestros proyectos distan mucho de ser meras cajas. ¿Cómo pensáis la forma en la arquitectura? ¿Qué ocurre en la piel de vuestros proyectos? 

FL-Algunos de nuestros proyectos son “concha y núcleo” (‘shell and core’), lo que significa que no podemos desarrollar el interior, sino que estamos limitados a la piel exterior y a la estructura. Crear arquitectura si solo te está permitido trabajar en la pie les una gran restricción. Cuando encaramos este reto, a menudo intentamos incrementar el espesor de la piel para tener más espacio que manipular, para evitar que la arquitectura se convierta en grafismo. Este proceso comenzó con la piel de doble capa de los almacenes JLP en Leicester, y desde entonces la hemos ido desarrollando en otros proyectos en Leeds, Sheffield, Swansea y Duisburg. Hemos intentado darle a la piel una profundidad tanto material como visualmente que es a la vez ornamental pero relacionado con la función y el contenido el edificio, y hacienda referencia al contexto y al lugar en que se asienta.

Donde podemos trabajar con la forma, como por ejemplo en los puentes para Koblenz o Qatar, hemos colaborado con equipos más grandes para crear sinergías entre forma arquitectónica y estructura. Los puentes son buenos ejemplos para esto, si un puente no casa bien forma y estructura acaba siendo una “folie” bastante cara. Resulta excitante trabajar con buenos ingenieros en proyectos donde encontrar la forma tiene implicación inmediata de ingenieros, costes y construcción.

Hunsett Mill, uno de nuestros proyectos domésticos, ha sido un ejemplo más arquitectónico donde hemos conseguido generar forma a partir de una idea de diseño contextual y de un concepto estructural. El proyecto presentaba unas servidumbres hacia una vieja casita de campo y respetar las alturas y dimensiones del contexto. Trabajando con Adams Kara Taylor, desarrollamos un proyecto basado en tecnología contemporánea de la madera donde cada posible espacio de cubierta era optimizado una y otra vez hasta que todo revestimiento fue eliminado. La forma resultante es pura, con una estructura mínima sin ser racional; se presenta en cambio como una serie de cubiertas que no parecen tener sentido hasta que no conoces las restricciones del proyecto.


Hunsett Mill, Reino Unido, ACME Architecture 


CCAD- En ese proyecto habláis de autosuficiencia. ¿Es esta la nueva palabra mágica? Vemos por todas partes planos con cubiertas verdes, pero ¿puede ser un edificio realmente “verde”? 

FL- No nos gusta hablar de conceptos como la autosuficiencia para proyectos normales. Si miras la eficiencia de la tecnología verde, nada, excepto la generación de calor por sistemas solares pasivos, tiene sentido para proyectos de pequeña escala. Pequeñas turbinas de viento son inútiles, la potencia del sol en el Reino Unido es inservible, no merece la pena ni el esfuerzo ni el dinero. El motivo por el que el proyecto de Hunsett Mill habla de ese concepto es porque está situado en un humedal, lejos de cualquier otra edificación. Si hubiéramos estado más cerca de algún lugar habitado, alegremente hubiéramos aceptado los abastecimientos de servicios tradicionales.

Lo que nos llama mucho más la atención es el diseño de elementos pasivos que minimicen el consume energético. En este sentido Hunsett Mill fue diseñado con súper-aislante, masa térmica expuesta, y el máximo de aperturas orientadas al sur para aumentar las ganancias solares. El ahorro energético pasivo resulta mucho más interesante para nosotros como arquitectos, más fácil de explotar como recurso arquitectónico y formal. Esto es lo que estamos impulsando en proyectos en Bahrein y Siria.

CCAD- ¿Cómo ves el futuro de los arquitectos? 

FL- Cada momento de la Historia ha creado una arquitectura representativa de sus valores, sus sueños y posibilidades, y nada parece sugerir que esto vaya a cambiar. No vemos que el futuro de los arquitectos vaya a ser diferente de cómo han sido los pasados 6000 años. La tecnología digital permitirá crear nuevas formas, pero los ingredientes básicos de la forma arquitectónica y su exploración no han cambiado, ni creemos que lo vaya a hacer. Pronto dejaremos de hablar de sostenibilidad; acabará formando parte de la normalidad, del trabajo de cada día. Esperamos que el futuro lo dediquemos a crear espacios de clara entidad local, y que veamos un regreso a la complejidad tridimensional, a la generación de espacios que no puedan ser descritos con una foto, o en un blog, espacios que precisen ser visitados, ya sea en 3d o en persona.

14 de diciembre de 2009

Conversación con FRIEDRICH LUDEWIG, ACME Architecture 1 de 2

Friedrich Ludewig estudió en la Universidad Técnica y Academia de Bellas Artes de Berlín y en la Architectural Association School of Architecture, donde recibió su Diploma en Arquitectura con honores en 2001. Entre 1999 y 2007 trabajó en Foreign Office Architects, donde fue responsable de una gran variedad de proyectos. Ha dado conferencias por todo el mundo y ha sido profesor invitado en la AA, UCL Bartlett, TU Karlsruhe, Berlage Institute, Akademie of Fine Arts Vienna y GSD Harvard. En 2007 funda ACME Architecture. (http://www.acme.ac)





CCAD- Antes de nada, muchas gracias por unirte a nosotros en este Nuevo blog. Me gustaría empezar preguntando por el nombre del estudio: ACME “A Company Making Everything” (“una compañía que hace de todo”). ¿Qué significa “Todo”? 

FL-El nombre ACME tiene mucha historia y más de un significado. Se usa a menudo en su acepción griega, “Lo más alto, lo mejor posible”, que es algo por lo que nosotros luchamos en arquitectura. Pero ACME es usado, especialmente en los estudios empresariales americanos, como la abreviatura de ‘a company making everything’, y nos gusta bastante esta asociación, ya que luchamos por huir del encasillamiento en un solo tipo de arquitectura, un tipo de edificio, o un país en el que trabajar. En tercer lugar, el nombre ACME era el nombre de la compañía a la que hacía sus pedidos el coyote del correcaminos, con todos esos productos alucinantes que hacían cosas tan increíbles (si las hubiera utilizado apropiadamente), y a nosotros como estudio nos encantaría ser tan innovadores en nuestro trabajo como los diseñadores de esos cohetes en trineo, rocas deshidratadas, o píldoras para hacer terremotos.

CCAD- Has trabajado en FOA durante varios años, siendo responsable de multitud de concursos y proyectos. ¿Qué has dejado en FOA? ¿Qué dejó FOA en ti? _nota: al hacer esta entrevista CCAD desconocía el proceso de separación en el que se encuentra en este momento. 

FL-FOA fue una gran compañía en la que trabajar, especialmente en mis primeros años con ellos, cuando todavía era una oficina pequeña y cuando se hizo parte del mejor trabajo de concursos de FOA. Muchos de los colaboradores de los inicios procedían de la unidad de la AA, como yo, y había una transición casi inmediata entre la investigación que uno hacía en la Escuela y el trabajo que surgía de FOA. Crecí con FOA a lo largo de los años y fui adquiriendo mayor responsabilidad a medida que la compañía iba ganando concursos de mayores dimensiones, y pude aprender mucho de cómo llevar proyectos, equipos de trabajo y un estudio durante los últimos años allí.

¿Dejé algo en FOA? Parece que Farshid y Alejandro irán por caminos diferentes en el futuro, de modo que FOA pasará a formar parte de la historia de la arquitectura. Cualquier legado que hayamos ido dejando ahí durante los años probablemente desaparezca con la compañía.

CCAD- Dejaste FOA y al poco tiempo otros dos antiguos miembros de FOA se te unieron. ¿Por qué decidísteis trabajar juntos? 

FL- A principios de 2007 dejé mi puesto como Director Asociado de Foreign Office Architects para fundar ACME, trabajando solo durante unas semanas. Stefano Dal Piva se unió al poco de que ACME hubiera asegurado su Segundo proyecto. Kelvin Chu llegó un año después. Stefano y Kelvin trabajaron conmigo en el proyecto “Olympic Park” mientras estábamos en FOA, donde ellos levaban el equipo que desarrollaba los puentes, de modo que estuve encantado cuando mostraron su interés por unirse.

CAAD- Eres alemán, en tu oficina de Londres trabaja gente de todo el mundo, hacéis concursos en Europa, Asia, América del Sur… ¿Crees que la Arquitectura es una especie de lenguaje universal? ¿Cómo puedes explicar que un edificio en China pueda ser proyectado desde Londres sin ni tan siquiera haber visitado el lugar (al menos durante el concurso)? 

FL- No creemos en un lenguaje internacional, sino todo lo contario. Creemos firmemente los lenguajes locales. Disfrutamos trabajando en distintos países y continentes, y es importante para nosotros que nuestros colaboradores vengan de distintos lugares, ya que creemos que cada país, cada lugar, cada empleado, aportan elementos únicos al grupo. La Historia, los conflictos y las condiciones particulares de cada sitio son importantes para dar forma a nuestros proyectos. Si fuéramos más ricos seguramente visitaríamos cada lugar, incluso para el concurso, pero en ocasiones nos tenemos que conformar con “Google Streetview”. El sitio no es el único elemento que importa, y llevamos a cabo una Buena investigación del pasado histórico, los materiales locales, etc. Que no siempre requieren una visita al lugar. Es realmente posible diseñar edificios relevantes y enraizados en su sitio sin haber ido al lugar, siempre que uno esté armado con curiosidad, una conexión de internet, y unos cuantos Buenos libros.

Museo de Arte en Seúl, ACME Architecture 

CCAD- ¿Cuál es el criterio a la hora de seleccionar los concursos? Si ACME gana un concurso en Seúl, ¿Cómo se lleva a cabo? 

FL-Normalmente, elegimos concursos que nos llamen la atención por el sitio, por el programa, o porque nos inviten. A veces nos llama la atención el programa porque nos sea familiar, o porque no hayamos hecho nunca nada parecido.

Durante el último año nos hemos dado cuenta de que no tiene mucho sentido presentarse a concursos cuyas bases se publican en inglés. Simplemente hay demasiados arquitectos en el mundo que hablan inglés y no tienen nada mejor que hacer que presentarse a concursos. No le vemos sentido a presentarnos a concursos con otros 400-600 arquitectos. He sido jurado en varias ocasiones en el pasado y he podido ver que tu cerebro se desconecta una vez que has visto 100 proyectos. Simplemente, no puedes juzgar seriamente 600 propuestas en un día o dos, todo se nubla. Por este motivo hemos decidido no presentarnos a ningún concurso abierto de momento a no ser que se publiquen en cualquier idioma menos el inglés, lo que reduce automáticamente el número de propuestas. Por eso no hemos centrado en concursos en Colombia, España, Alemania y Corea, pero estamos abiertos, cualquier idioma es bueno excepto el inglés, al menos hasta que la economía se alce de nuevo.

Hemos trabajado en varios sitios internacionalmente en los que hemos tenido que confiar en socios locales para desarrollar edificios, y estamos muy contentos de esta modalidad para trabajos fuera de Europa. Normalmente contactamos con los socios locales al principio, casi siempre durante el concurso, de este modo construir lejos de casa no es algo que nos preocupe en gran medida.


Fin de primera parte de la entrevista.

8 de diciembre de 2009

Arquitectura y "la gente".


Farnsworth retocada (foto original)

En el anterior post dije que “a la gente” no le gustan ciertas cosas que hacemos los arquitectos. Por supuesto que es una generalización y que hay todo tipo de reacciones, pero quiero hacer hincapié en aquellos a quienes no llegamos, porque me preocupa y creo que debería preocuparnos. Es un hecho que hay bastante gente a quien no sólo no le gusta lo que hacemos, sino que no nos toma en serio (ni a nosotros ni a nuestro trabajo), que no entiende nuestra pasión, que no valora nuestros esfuerzos y que, esencialmente, no quiere que le cambiemos las cosas. 

Como dije, es muy fácil trabajar con gente que sí aprecia nuestro trabajo, pero esto es tautológico y endogámico. A mí, sin embargo, también me preocupa que mucha gente no sepa apreciar lo que nosotros creemos tan válido. Por eso me pregunto si no sería necesario hacer un esfuerzo para tenerlo en cuenta, para intentar integrar en nuestro lenguaje (discursivo y arquitectónico) elementos que nos permitan llegar (también) a esa gente. 

Si bien es cierto que los gustos de la sociedad van con un retraso relativamente grande en el caso de la arquitectura. Nadie querría comprar ahora un modelo de coche diseñado en 1920 para ir al trabajo, mientras que el modelo de arquitectura que se sigue copiando es el pabellón de Mies en Barcelona. Aunque los modelos arquitectónicos tienen una validez muy amplia en el tiempo (algunos son incluso atemporales), a nivel doméstico algunos modelos de ya casi un siglo de edad siguen siendo “demasiado modernos” para mucha gente. 

¿Cuánta gente no relacionada con la arquitectura viviría en la Farnsworth?).

24 de noviembre de 2009

Laura somos todos

Sobran las palabras. Otros lo han dicho y yo me hago eco.
Que la red sea megáfono.
arqa
la luz de las hojas
scalae
n+1
stepienybarno

20 de noviembre de 2009

Arquitectura y público





Tras haber visto el reportaje de Televisión Española – Comando Actualidad, titulado “¿Quién vive ahí?”, surgen un cúmulo de reflexiones que podemos intentar ordenar para ver qué es lo que está pasando.

El resumen básico del programa es el siguiente: Las ciudades (algunas) crecen en forma de barrios residenciales donde se concentran un gran número de edificios “singulares”. La gran mayoría de estos edificios (algunos firmados por arquitectos “de reconocido prestigio”) no gustan a sus propios usuarios.

No gustan estéticamente pero es que (lo más grave) no gusta el uso de determinados materiales (chapa metálica perforada que “parece una cárcel”, cerramientos de bambú que “se pudrirán en 10 años y nos tocará cambiarlo”, correderas metálicas “que hay que empujar con fuerza porque no funcionan bien”…) no gusta que se deje la parcela vacía y sin juegos para los niños (y los grandes) para poder hacer un jardín vertical cuyo mantenimiento supone continuas derramas a la comunidad, no gusta la mezcla de gentes que genera la disposición de Vivienda Protegida junto a la Vivienda Libre… no gustan muchas cosas.

Nos encontramos con un problema de muchas aristas. Voy a empezar por el modelo actual de planeamiento urbanístico que propone una y otra vez barrios residenciales con algún elemento dotacional (colegios, centros de salud, alguna dotación cultural…), en modelos de densidad media y con una estructura, por lo general bastante racional, pero también bastante anodina y que casi siempre se traduce en zonas sin personalidad definida y casi siempre, barrios-dormitorio.

La mezcla de vivienda protegida (del grado que sea) y vivienda libre genera, por otro lado, una heterogeneidad de usuarios muy amplia. Esto nos lleva a un debate moral sobre la conveniencia (o no) de mezclar diferentes estratos sociales. Personalmente no creo que sea bueno generar guetos (de pobres o de ricos) pero es evidente que esta mezcla genera tensiones (hay gente como una señora del reportaje que se lamenta de haber pagado más del triple que sus vecinos y que eso se traduce en que convive con personas de capas sociales más humildes, lo cual no le gusta, por ser políticamente correcto).

Por otro lado, la materialización de los edificios se corresponde con dos modelos: Por un lado la vivienda libre la desarrollan promotores particulares que compran el suelo y aprovechan al máximo el rendimiento del mismo. Por otro, las parcelas destinadas a vivienda protegida que, por lo general, se sacan a concurso público. Estas últimas, si salen a concurso de proyecto y obra suelen dar como resultado edificios muy parecidos a los de vivienda libre, ya que las constructoras que se presentan a este tipo de concursos miden muy mucho los costes y no suele entrar en juegos estéticos “de moda” (son caros, la mayoría). Si el concurso es primero de proyectos y luego de obra, la cosa cambia. Cambia bastante ya que el arquitecto intenta hacer un proyecto más “a su gusto” (importante notación), la administración de turno busca un edificio que llame la atención para que la gente vea que se implican en el desarrollo urbanístico “de calidad” (id memorizando los entrecomillados), y al final las constructoras se ven más o menos “obligadas” a realizar proyectos que de otra manera no construirían.

Por resumir digamos que las administraciones “se cubren de gloria” al adjudicar concursos a proyectos de cierto interés, aún a sabiendas de que son más caros de lo que se suele hacer, pero que quedan muy bonitos. Así la administración queda muy bien y tiene fotos para su próximo programa político, la constructora, aunque puertas para adentro se queja de todo, luego pone las fotos en su web para que la gente vea lo que son capaces de hacer, pero al final a la gente no le gusta. Y esta el la clave.

No sé ustedes, pero yo entiendo poco.

¿Por qué los gustos de los arquitectos, en general, están tan alejados de lo que le suele gustar al público general? ¿Por qué las administraciones acuden a nosotros para hacer edificios que luego no gustan a la gente que les vota?

Empecemos por el tema puramente estético. A la gente NO le gustan los colorines (tan de moda últimamente), que quede claro. La gente suele preferir un edificio de ladrillo (“como los de toda la vida”) a uno de paneles metálicos y tabiques de pladur. Normalmente lo prefieren sólo porque sí, pero si además los paneles se mueven mal porque pesan mucho, si los paneles son de bambú que arde fácilmente y se pudre, si la chapa metálica parece una cárcel…pues claro, prefieren el ladrillo, “de toda la vida”. Más allá, como decía, están los intentos de hacer “jardines verticales” que si además están mal ejecutados (sospecho por qué) pues cuesta muchísimo mantenerlo. Y ese es sólo un ejemplo de algo que puede ser una buena idea (Zaera suele tener muchas buenas ideas) pero que en un mal lugar y mal ejecutada quedan en un mal chiste con muy poca gracia.

No es casualidad que el reportaje nos mostrase a la gente que habita en Torres Blancas de Oíza o en el Walden de Bofill. Aunque no oso poner al segundo a la altura del primero, son un ejemplo de arquitecturas de otra época (sólo hay que ver las zonas comunes para entender lo que quiero decir), pero sobre todo son ejemplos de clientes de otro nivel.

Vamos a ser políticamente incorrectos un rato.

Siempre se ha dicho que la buena arquitectura lo es porque se juntan un buen arquitecto y un buen cliente. Pues será mejor decir que se juntan un arquitecto y un cliente al que le gusta lo que hace ese arquitecto, que es bastante diferente. Vamos, que preferimos trabajar con gente que aprecia nuestro trabajo.

Mayo y las flores.

Los que viven en Torres Blancas son arquitectos, hijos de arquitectos, abogados, y en general, gente de un nivel cultural medio-alto. Y les encanta el edificio. Como a mí, y a muchos de vosotros. Sin embargo, los compradores de VP, por lo general, les importa un bledo si el edificio lo ha hecho Zaera, Oíza, o Perico, el de los palotes, porque lo que necesitan es una vivienda, que sea barata y que sea digna (bueno, que sea más que digna, que queremos todo por nada, digámoslo claro).

¿Una película es buena cuando le gusta a mucha gente o cuando le gusta a cuatro entendidos?


Sirva este post como inicio para profundizar más adelante en algunos de los temas aquí apuntados, ya que todos juntos es difícil de desarrollar. 

Comenten, comenten.

29 de octubre de 2009

Primeros pasos

Lo primero es saludar. Y presentarse:
Soy Daniel Moyano. Soy arquitecto.Y esto no es ninguna terapia. O sí?
Inicio con este post un blog con el que pretendo compartir visiones sobre la arquitectura en todas sus escalas, en todo tiempo y lugar. Me gustaría generar debates con vosotros y que todos podamos obtener conclusiones que nos ayuden en nuestra profesión. Querría compartir con vosotros conversaciones (reales y virtuales) con otros arquitectos.
Conversar, comentar, criticar, aprender.
Suena bonito, y espero que lo sea. Con vuestro permiso, y vuestra ayuda.
Sed bienvenidos.